martes, 7 de abril de 2015

Invertir en nuevos fármacos para ahorrar en hígados

La extensión de las nuevas terapias contra la hepatitis C abre la puerta a la disminución de los trasplantes
 
 
El paciente Fernando Abuín, recién trasplantado, conversa con uno de los doctores que lo atienden en el hospital Gregorio Marañón.
 
 Lo que sucede en un quirófano del hospital madrileño Gregorio Marañón, esta noche de un miércoles cualquiera, es algo parecido a la magia: durante dos horas y media, dos cirujanos asistidos por un equipo médico de diez personas trabajan como un pulpo dentro de la cavidad abdominal de Luis Sebastián Fernández, de 57 años, para extraer su hígado enfermo.
 
Dos anestesistas controlan en todo momento la operación: vigilan al minuto las constantes vitales del paciente a través de una decena de monitores que parecen la consola de un transbordador espacial.
 
Sistemáticamente realizan analíticas, recogen información de lo que sucede y corrigen el rumbo si algún parámetro se descontrola o hay una emergencia.
 
La lucha es ardua, milimétrica, no es fácil liberar el órgano cirrótico y dejar listas la...

vena porta, la cava superior, la arteria hepática y la vía biliar de Luis para anastomosarlas (conectarlas quirúrgicamente) al hígado sano.
 
De pronto, en el abdomen de Luis aparece un hueco enorme: es la fase anhepática (sin hígado), que en ningún caso puede durar más de 45 minutos.
 
La tensión del equipo médico llega al máximo cuando la sangre vuelve a entrar al órgano por la vena porta y el hígado empieza a funcionar.
 
Luis recibe entonces la primera dosis de inmunosupresores para evitar el rechazo.
 
Deberá seguir con esta medicación de por vida, algo caro para el sistema de salud —el precio es de unos 300 euros al mes— pero imprescindible para que no haya complicaciones.
 
Bebedor de cerveza, Luis Sebastián Fernández necesitaba un hígado nuevo desde que el pasado verano le diagnosticaron una cirrosis descompensada.
 
Esto le provocaba una severa ascitis (retención de líquido), lo que obligaba a extraerle todas las semanas entre 8 y 13 litros del abdomen con una aguja.
 
Tuvo mucha suerte.
 
El 7 % de los pacientes en lista de espera fallece esperando un hígado sano.
 
A él le habían dado un año de vida si no recibía el trasplante, pero la llamada telefónica del Gregorio Marañón llegó a tiempo.

Un trasplante hepático en Estados Unidos cuesta 517.000 euros, en España hasta 100.000

España es el segundo país de la Unión Europea, por detrás de Francia, con más trasplantes de hígado realizados —su actividad representa ya el 5,4% de los 21.000 injertos hepáticos practicados anualmente en el mundo—.
 
En España, 2.300 personas requieren de un trasplante cada año.
 
Pero la demanda de órganos es superior a la oferta: en 2014 se realizaron en nuestro país 1.100 intervenciones.

Aunque las causas que provocan daños en el hígado y obligan a un trasplante son diversas, hay una que se llama hepatitis C y es especialmente sangrante.
 
Lo es porque esta enfermedad, que en un 30% de los casos deriva en cirrosis o en cáncer, hoy es curable gracias a los nuevos medicamentos disponibles.
 
Un tercio de los trasplantados en España el año pasado tenía virus C.
 
“Tratar a estos pacientes antes de que su estado de salud se deteriore evitaría que muchos necesitaran un trasplante, con lo que habría más hígados disponibles para otros enfermos”, asegura José Luis García Sabrido, jefe del principal servicio de cirugía del Gregorio Marañón, hospital que empezó con el programa de trasplantes hepáticos en 1990 y donde ya se han practicado más de un millar.
 
Sabrido da dos datos demoledores: “Cuando se incluye a un paciente en la lista de espera la posibilidad de muerte al año, si no recibe un hígado sano, es mayor del 50%...
 
Y todos los años las indicaciones de trasplante crecen, mientras que la disponibilidad de órganos está estabilizada”.
 
Los nuevos tratamientos contra la hepatitis C tienen un 90% de efectividad y apenas efectos secundarios, pero son caros.
 
Uno de 12 semanas con sofosbuvir (Sovaldi) alcanza los 25.000 euros por paciente, pero debe administrarse en combinación con otros medicamentos, con lo que el precio total del tratamiento puede superar los 40.000.
 
Hasta ahora los criterios para prescribirlos han sido muy estrictos, si bien el Gobierno acaba de aprobar un plan para dispensárselo a al menos 52.000 enfermos, aunque sin concretar la financiación.
 
“Yo no sé lo que cuesta un trasplante, pero hay que ser muy descarado para negarle el tratamiento a alguien…”, dice Fernando Abuín Arias, infectado con virus C y recién trasplantado, en una habitación del sexto piso del Gregorio Marañón.
 
En 2005 le diagnosticaron una cirrosis que degeneró en cáncer, y desde entonces este montador de estanterías metálicas se hizo cuatro veces el viejo tratamiento contra la Hepatitis C (con interferón y ribavirina), pero no dio resultado.
 
Abuín siguió trabajando.

El día que le llamaron para el trasplante estaba subido a una estantería de 9 metros de altura.

La intervención fue un éxito, pero aún necesita tratamiento.
 
“Dicen que ahora me darán los nuevos medicamentos, vamos a ver si es verdad…”, explica con sus 100 grapas en el abdomen, la cicatriz del trasplante de hígado, en forma de Y invertida (una “Mercedes”, en el argot médico).
 
“Si no recibe esos fármacos para la hepatitis C, el órgano se contaminará de nuevo y probablemente dentro de un tiempo volverá a requerir otro trasplante”, explica Sabrido.
 
La Agencia de Trasplantes de Estados Unidos cifra en aproximadamente 517.000 euros el costo de un trasplante de hígado en los primeros seis meses.
 
En España no hay un cálculo fijo, pero puede estar entre 60.000 y 100.000 euros, según diversas fuentes.
 
A ello hay que sumar el precio de la medicación inmunosupresora de por vida y el de la atención médica ordinaria, que tampoco es despreciable.
 
“Pero no es esa la única cuenta a sacar”, comenta la hepatóloga María Magdalena Salcedo en la planta sexta del Gregorio Marañón.
 
Salcedo no habla de dinero sino de la dimensión humana de los trasplantes, e invita a dar una vuelta por la sala.
 
De las 11 camas destinadas a trasplantados, varias están ocupadas por pacientes operados hace tiempo y que ahora son atendidos de diversas dolencias o pasan revisiones ordinarias.
 
Uno de ellos es Juan Tomás Sánchez, de 29 años.
 
Le hicieron el trasplante hace 8 años por una hepatitis B fulminante.
 
A este agente de publicidad le salvaron la vida por pocos días: tan mal llegó al Marañón que entró en la categoría de “Urgencia Cero”, la máxima gravedad, lo que implica pasar al primer lugar de la lista de espera.
 
En otra cama, Inés Ríos, de 25 años, está en observación por una fiebre que no remite.
 
Portadora de cirrosis biliar primaria, una enfermedad autoinmune que destruye las vías biliares, fue trasplantada en octubre de 2014, después de un periplo de hospital en hospital mientras estudiaba la carrera de arquitectura técnica.

El tratamiento con inmunosupresores para los pacientes trasplantados es de por vida
Dentro de poco subiría del quirófano Luis Sebastián Fernández.
 
Llevaba poco tiempo en lista de espera, pero gracias a que su tipo sanguíneo era poco común, el primer órgano compatible fue para él.
 
Le llamaron a casa después de comer, y en una hora le estaban haciendo pruebas en el hospital, aunque en realidad el engranaje del trasplante había comenzado a girar horas antes.
 
Desde que el donante falleció en un hospital, se comunicó la disponibilidad del órgano a la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), que tras consultar la lista de espera lo ofreció al Gregorio Marañón.
 
El hígado sano viajó en avión desde otra provincia —en caso de distancias menores de 300 kilómetros, se traslada por carretera— conservado en frío y con una solución de preservación.
 
Ahora, ya en el cuerpo de Luis, la vida continúa.
 
Si todo marcha bien, en dos semanas la doctora Salcedo le dará el alta médica y dentro de poco podrá hacer casi vida normal.
 
Hacen falta hígados en España, por eso duele más la Hepatitis C: muchos enfermos, como Luis, Juan Tomás e Inés, esperan entrar a un quirófano como el del Marañón y que se haga el milagro.
 

Un método fiable

 
  • El primer trasplante de hígado en España se hizo el 23 de febrero de 1984 en el Hospital de Bellvitge por los doctores Carlos Margarit y Eduardo Jaurrieta.
  • Desde entonces se han realizado en nuestro país más de 22.000 trasplantes.
  • 25 centros realizan trasplantes hepáticos en España. En 2014 se realizaron 1.100, que cubrieron casi la mitad de la demanda (la lista de espera es de 2.300 personas).
  • La supervivencia de los operados es del 90% el primer año, del 75% a los 5 años.

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