martes, 19 de mayo de 2015

Un paraíso hasta que llegó la tele

Un anuncio rodado en las Barrancas de Burujón (Toledo) multiplica el turismo y genera una amenaza para este espectacular y hasta ahora desconocido paraje protegido
 
 
Fotograma del anuncio de Coca-Cola, con un especialista saltando.
 
Las Barrancas de Burujón, una versión toledana del Gran Cañón del Colorado, es uno de los parajes naturales más espectaculares y más desconocidos del interior de la península Ibérica.
 
Se encuentra a unos 30 kilómetros de Toledo, tomando un camino de tierra que sale de una carretera comarcal. La pista polvorienta asciende entre olivares y tierras de labor hasta llegar a las Barrancas, unos cortados arcillosos de color rojizo que se alzan hasta 100 metros sobre las aguas del río Tajo. Durante décadas, fue un lugar tan maravilloso como solitario, “hasta que salió en un anuncio de Coca-Cola”, según lamenta el biólogo Miguel Ángel Hernández, de Ecologistas en Acción.
 
El anuncio se rodó entre enero y febrero de 2013. El actor protagonista huía del ajetreo de la ciudad y acababa dando un grandioso salto por el acantilado, para caer en una hamaca remolcada por un helicóptero y beberse tumbado en ella un refresco. Era un reclamo perfecto, si no para beber el refresco, sí por lo menos para visitar aquel extraño escenario.
 
“La popularidad ha provocado una masificación brutal. Cientos de coches se agolpan los días de buen tiempo”, lamenta Hernández. Tras el anuncio, el lugar se ha convertido habitualmente en plató de televisión. Allí se han rodado capítulos de Carlos, Rey Emperador, la nueva serie histórica de Televisión Española; escenas de El Secreto de Puente Viejo, de Antena 3; los anuncios del todoterreno Tiguan, de Volkswagen, y de otro vehículo de Renault; y algún videoclip musical.
 
 
Vehículos aparcados en las Barrancas el 2 de mayo. / ECOLOGISTAS EN ACCIÓN
 
Ecologistas en Acción promovió desde 2000 una “senda ecológica” por el paraje para darlo a conocer, pero el turismo, según...

denuncian ahora, se ha desbocado. Las Barrancas están clasificadas como Zona de Especial Protección para las Aves y Lugar de Interés Comunitario dentro de la Red Natura 2000, el blindaje europeo para garantizar la supervivencia de los hábitats más amenazados de la UE.
 
También están declaradas Monumento Natural y Refugio de Fauna, por sus numerosas especies amenazadas, como el búho real, el buitre negro y el águila imperial ibérica. “Pero la gente deambula sin ningún control por todas partes, porque no hay ningún tipo de vigilancia permanente”, critica el biólogo.
 
Según Hernández, la llegada de los turistas y los rodajes en época de reproducción de las aves han malogrado varias puestas de búhos y de garzas reales. De esta última colonia se esperaban 60 pollos nuevos este año. “En los censos que hacemos con SEO/Birdlife hemos visto cero”, sostiene. “El panorama es de degradación progresiva, con más suciedad y cadáveres de animales”, incide José Luis Yela, profesor de Biología de la Conservación en la Universidad de Castilla-La Mancha.
 
La ONG, además, acaba de denunciar las obras que el Ayuntamiento de Burujón, del PSOE, ha llevado a cabo en las Barrancas: una ampliación del camino para “facilitar la entrada de vehículos hasta el Monumento Natural”, según los ecologistas. La nueva pista transforma una vía pecuaria y pisa los límites del espacio protegido, pero el consistorio no ha solicitado las autorizaciones necesarias ni la evaluación ambiental, según confirman fuentes de la Consejería de Agricultura de la Junta de Castilla-La Mancha, que ha abierto un expediente sancionador.
 
El alcalde del municipio, Juan José Torres, niega las acusaciones. “Las visitas se han multiplicado por cinco desde el anuncio de Coca-Cola, pero partíamos de 10 personas al día”, afirma, aunque admite picos de 200 excursionistas. El regidor asegura que el camino a las Barrancas —utilizado también por los tractores y cosechadoras de los campos de cultivo cercanos—  no se ha ampliado para fomentar el turismo, sino porque tocaba arreglarlo según el plan municipal.
 
Los visitantes, dice, no paran en Burujón, “excepto algún autobús de jubilados a tomar un bocata”. Sin embargo, zanja, “el pueblo está encantado, porque las Barrancas no deben ser un secreto”.

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