martes, 18 de agosto de 2015

¿Por qué está el abuelo en la cárcel?

Mientras la tasa de criminalidad baja, aumentan las detenciones de mayores de 60 años Las prisiones no están preparadas para ancianos con problemas de movilidad y salud


Algunos presos eran sancionados por no estar presentes para el recuento. Siempre los mismos. Una y otra vez.

Los funcionarios de prisiones tardaron en darse cuenta de que era porque no oían la llamada. Concha Yagüe, exsubdirectora general de Prisiones y coordinadora del estudio Análisis de la ancianidad en el medio penitenciario, explica con esta anécdota cómo hace unos cinco años, de un día para otro, descubrieron un problemático fenómeno que sigue en aumento y aún no se ha solucionado: cada vez hay más presos mayores y las cárceles no están preparadas. Estaba regulado el trato a reclusos jóvenes, madres, enfermos mentales... , pero nadie había previsto que...

los abuelos empezaran a delinquir.

En 1985 había 108 presos mayores de 60 años. En 15 años esa cifra se multiplicó por tres; en 2007 eran ya 1.335. El pasado junio había 2.173 reclusos penados (no preventivos) que habían superado esa edad en la cárcel.

Las estadísticas del Ministerio del Interior muestran que mientras la tasa general de criminalidad baja —de 50 infracciones por cada 1.000 habitantes en 2009 a 44,7 en 2014—, las detenciones e imputaciones entre mayores de 64 años aumentan —de 3.495 en 2009 a 8.142 en 2014—.

“Un alto porcentaje de los presos que pasan de los 60 años” explica Yagüe, “son primarios”, es decir, no tenían antecedentes penales, pero han terminado en prisión porque su primer delito ha sido alguno de los más graves: homicidios, agresiones sexuales, violencia de género... “Precisamente ahora, en el colegio de psicólogos de Sevilla estamos haciendo un estudio para intentar averiguar qué factores llevan a una persona que ha tenido una vida normal a terminar en prisión”.

La estadística de Interior muestra los delitos contra las personas y la libertad como la principal tipología penal entre los mayores de 64 años. En este colectivo, en 2014 se produjeron 32 detenciones e imputaciones por homicidio; 1.616 por malos tratos y 345 por delitos contra la libertad sexual. Entre los 18 y los 40 años, el tramo de edad donde más infracciones penales se producen, la tipología más frecuente son los delitos contra el patrimonio (robos, hurtos...).

Antonio Andrés Pueyo, catedrático de la Universidad de Barcelona, profesor de criminología, recuerda que todavía no hay un “estudio específico sobre este tema”, pero que tres factores influyen en el fenómeno: “la mayor esperanza de vida; la aparición de nuevos delitos (violencia de género, contra la seguridad vial , etc.) y el aumento de los problemas de adicciones” en la tercera edad.

Durante su etapa como subdirectora de Prisiones, Yagüe, ahora en el centro penitenciario de Sevilla I, vio llegar a los presos por violencia de género, muchos de ellos mayores. “Antes no se denunciaba. Se daba por sentado que la mujer que llevaba toda la vida aguantando, siguiera aguantando. Pero los hijos empezaron a ponerse del lado de sus madres, apoyando que se separaran, y algunos de esos maridos machistas no lo admitieron y reaccionaron de la peor manera”. La estancia en prisión de estos reclusos a veces se prolonga “porque esos delitos, como los abusos sexuales, provocan un gran rechazo familiar y los suyos no quieren acogerles”.

También la seguridad vial engordó la población reclusa, actualmente en 55.954 presos. “Era muy frecuente que comerciales para los que el alcohol había sido su arma de venta perdieran el carné, reincidieran y terminaran en prisión”, recuerda Yagüe. “Pero con la última reforma muchas condenas de cárcel por este tipo de delitos empezaron a sustituirse por trabajos en beneficio de la comunidad o multas”.

Gerardo Díaz Ferrán, a su llegada a la cárcel de Soto del Real.

El juez de Madrid Marcelino Sexmero explica que la mayoría de delincuentes mayores que ve son por delitos económicos: estafas, apropiación indebida... Un perfil parecido al de Gerardo Díaz Ferrán, el expresidente de la patronal que ingresó en prisión con 70 años cumplidos, en 2012. Sexmero insiste, en cualquier caso, que “la edad, superados los 18 años, no se tiene en cuenta a la hora de poner una condena”.

El aumento de delincuentes mayores no es un fenómeno español. “En Japón muchos ancianos sin recursos ni familia han buscado entrar en prisión como método de subsistencia”, recuerda la exsubdirectora de Prisiones. En Reino Unido, la población reclusa mayor de 60 creció un 125% entre 2004 y 2014, hasta los 3.720 en junio del año pasado. “No son presos conflictivos, pero sí dan problemas porque tienen necesidades que atender. Los centros penitenciarios no están adaptados a sus dificultades de movilidad; los médicos de prisiones no están especializados y este colectivo tiene dolencias importantes y costosas. Sus horarios son distintos y no les interesan las mismas actividades que a los jóvenes, como los deportes”.

En 2011 se pusieron en marcha programas para mayores en las cárceles, pero falta mucho por hacer, concluye Yagüe. Y la tendencia de crecimiento, como reza su estudio, “es indiscutible”.


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