viernes, 9 de octubre de 2015

Barcelona, capital del móvil (robado)

La ciudad es un quebradero de cabeza para las operadoras de telefonía, víctimas de los fraudes millonarios de mafias que saquean las tarjetas SIM sustraídas a turistas.

Un grupo de turistas haciéndose 'selfies' en Las Ramblas

Al galés Osian Rhys Edwards, un profesor de primaria de Barmouth, le robaron el teléfono una noche que andaba un poco despistado por el centro de Barcelona.

Una faena: los contactos, mails, el propio aparato... Lo dio por perdido, lo anuló y regresó a su país. Pero el disgusto definitivo le llegó al buzón de casa cuando volvió de sus vacaciones: Vodafone le reclamaba una factura de 20.000 euros en llamadas asociadas a su número de teléfono. Alguien había estado contactando esa misma noche repetidamente con dos servicios premium de los que no tenía ninguna constancia. En pocas horas se habían gastado –y habían cobrado por el otro lado- lo que él iba a ganar en un año.

Rhys , como daba fe The Guardian con la historia que publicó y en una ristra de nombres, no fue el primer británico ni el último en sufrir el robo y el saqueo de su tarjeta SIM por parte de bandas de piratas informáticos radicadas en Barcelona. Los móviles de los turistas (que tardan más en cancelar su número) son un botín perfecto: por el terminal, que se revende, y por la línea, que utilizan para llamar a números de pago y conseguir verdaderas fortunas. El tiempo que transcurre entre el robo y la cancelación de la línea del usuario es clave. Ese el espacio donde realizan de forma automatizada las llamadas a números de tarifación especial en...

el extranjero que pertenecen algún miembro de la organización. Para ampliar ese margen de operación, lo mejor son compañías sin sede en España. Y para aumentar el beneficio, lo mejor es hacerlo a la vez con decenas de números distintos. Al final, a efectos prácticos, es como transferir dinero de la cuenta del turista a la de los delincuentes.

La empresa estadounidense AT&T llegó a cifrar los daños causados por estas bandas organizadas en alrededor de 50 millones de euros –aunque solo tenían justificados dos millones- y 3.000 afectados. Harta de la situación en Barcelona, esta compañía denunció la situación a Europol y, conjuntamente con el Cuerpo Nacional de Policía (CNP), comenzó una investigación en septiembre de 2013 en la capital catalana –un año antes habían tenido otro caso igual- que terminó el pasado verano con la desarticulación de una de las bandas más importantes dedicadas a este negocio.

Barcelona, la ciudad que durante una semana resplandece como lugar de encuentro e innovación de todas estas empresas con el Mobile World Congress, es el resto del año un dolor de muelas para las operadoras del sector.  En todo el año 2013 (el último del que se facilitaron cifras) se denunciaron los robos de 31.544 terminales en la ciudad de Barcelona. Es decir, 87 al día. La cifra la dio el entonces consejero de Interior, Ramón Espadaler en sede parlamentaria. Los Mossos d'Esquadra, requeridos por este periódico, no pudieron ayer ofrecer datos actualizados sobre esta materia, pero una portavoz aseguró que no ha habido ningún repunte desde los últimos que se facilitaron. Este fenómeno se expande en el resto de España, donde según la Secretaría de Estado de Seguridad se produjeron el último año 279.319 denuncias por sustracción de móviles (lo que equivale a 1 móvil robado cada 2 minutos y un aumento del 19% en un año). Siempre teniendo en cuenta las denuncias falsas de usuarios que pretenden cobrar de las aseguradoras.

Pero para las operadoras, Barcelona sigue siendo el foco principal de fraudes. “Sin duda es el epicentro, pero se debe básicamente a la afluencia de turistas que recibe”, explica un portavoz de Vodafone. “Cuando hay un caso de este tipo, nosotros nos hacemos responsables de todos los cargos realizados tras la petición de la desactivación. También ahí pueden pasar minutos que corren a cuenta nuestra. Pero los anteriores, son a cargo del cliente”, insiste. Sin embargo, tras meses pleiteando, Vodafone se vio obligada a pagar los 20.000 euros de Rhys y muchas otras compañías han tenido que pasar por lo mismo después de una larga campaña informativa que realizó The Guardian en Reino Unido.

La estructura de estas organizaciones delictivas tiene varios niveles: rateros en la calle robando, dueños de bares de la zona centro que almacenan los terminales que los ladrones sustraen en una misma noche (en el Paralelo hay varios y no es complicado ver cómo lo hacen cualquier noche) y algunos locutorios y tiendas de reparación que se dedican a desmontarlos y extraer las tarjetas al día siguiente. Algunos teléfonos simplemente se liberan para revenderlos y su dueño los reemplaza por uno nuevo. Otros dan mucho más juego y sus tarjetas terminan en una SIM box [aparato para hacer llamadas automáticas desde muchas tarjetas a la vez] generando ingresos en algún número premium de cualquier país lejano. Y ahí empieza el quebradero de cabeza para el usuario, la policía y la empresa. Cazar a los piratas es complicado. A la parte de la organización radicada en el extranjero, imposible.

En la operación Phantom, realizada este verano, la Policía Nacional encontró 83 teléfonos móviles, 81 tarjetas SIM, 6 ordenadores portátiles, 18 dispositivos de memoria, 16 tarjetas de crédito y 6.200 euros. Pedro Morales, inspector jefe del Grupo de Delitos Tecnológicos especializado en fraudes, recuerda que se trataba de una banda de paquistaníes que utilizaba software disponible en Internet para realizar llamadas con las tarjetas robadas. “Sabíamos por las escuchas y las antenas que operaban de madrugada. Cuando entramos les encontramos conectados a las páginas y tarificando”, recuerda.

El problema, señalan todos los consultados, es el destino del dinero, muy difícil de rastrear y que en algunos casos puede servir para financiar organizaciones terroristas. No es el caso de las operaciones resueltas en Barcelona, donde no supone una línea de investigación. Pero sucedió en el atentado de Mumbai de 2008, donde los terroristas se financiaron con un método similar. En ese caso lograron defraudar 2 millones de dólares a AT&T mediante el hackeo de unas centralitas telefónicas que pusieron a llamar un numero premium. El dinero fue a parar directamente a la logística del atentado. “No me consta en este caso.

Pero ha habido detenciones internacionales de otros delincuentes que han hecho casi lo mismo con esos fines y se ha evidenciado su relación con organizaciones terroristas”, señala Álvaro del Hoyo, analista de la empresa S21sec.

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