miércoles, 20 de abril de 2016

No le hables de meritocracia al parado

Un experimento muestra cómo el desempleo rompe la confianza en la recompensa al esfuerzo.

Un grupo de personas espera a la apertura de una oficina del INEM. EFE

"El sistema es injusto", "nunca me toca una oportunidad", "los trabajos están dados", son frases que el economista Luis Miller ha escuchado a menudo en su trabajo con desempleados.

El paro y la pobreza que genera se asocian con problemas de salud mental, como depresión y ansiedad, mayores tasas de suicidio y muertes relacionadas con el alcohol. Pero también con...

pérdida de autoestima y otro tipo de circunstancias más difíciles de identificar que podrían provocar cambios en la percepción y el comportamiento de los desempleados.

Miller, de la Universidad del País Vasco (UPV), está investigando si el paro afecta a los condicionantes morales que suelen estar detrás de nuestra percepción del reparto del dinero. "Por lo general", asegura el investigador, "las personas estamos dispuestas a aceptar desigualdades justas: por ejemplo, un salario mayor que depende del esfuerzo, del mérito y de la productividad". Sin embargo, este sentido de que debe premiarse más a quien más se esfuerza parece disiparse cuando se sufre el desempleo, según los resultados del trabajo que Miller ha realizado en Reino Unido, Sudáfrica y, más recientemente, en España.

En sus experimentos, los parados parecen perder estos "valores meritocráticos", como los define Miller, cuando se enfrentan a juegos de economía conductual. Se trata de un campo de conocimiento a medio camino entre la psicología y las finanzas que le valió el Nobel de Economía a Daniel Kahnemann y en el que se estudian los impulsos cognitivos, emociones y otros condicionantes de nuestras decisiones. En este caso, cómo cambia la percepción de esos valores en función de cómo le va a cada uno en el mercado de trabajo.

En su último estudio, publicado hoy en la revista PNAS, se sometía a jóvenes vizcaínos y cordobeses a un experimento clásico de justicia distributiva: tras realizar una tarea simple para los experimentadores (repartir grava de colores entre contenedores), se entregaba a los participantes una bandeja en la que se les repartía una cantidad de dinero. En algunas ocasiones, este reparto estaba asociado al trabajo previo y en otras era aleatorio; los jóvenes podían entonces proponer un reparto alternativo.

Es en ese momento en el que demostraban su percepción inconsciente de ese "valor meritocrático": por lo general, se acepta que los que más se han esforzado se lleven una mayor recompensa. Por primera vez en un estudio similar, los investigadores —Miller y Paloma Úbeda de la UPV junto a Abigail Barr de la Universidad de Nottingham— convocaron a estos mismos jóvenes un año después para analizar si esa percepción varió al quedarse en paro.

Y en efecto, lo hizo: la mayoría de los que se quedaron desempleados redistribuyeron el dinero, de manera que las personas de su grupo terminaran con la misma cantidad de dinero aproximadamente. "En su perspectiva, todas las desigualdades serían injustas", resume Miller. Los investigadores ya habían descubierto con este experimento en Reino Unido y Sudáfrica que los participantes relativamente acomodados tendían a reconocer el esfuerzo, mientras que los relativamente pobres no lo hicieron, siempre en relación con el resto de su sociedad.

El cambio de actitud de los parados se explicaría, según los investigadores, por las disonancias cognitivas. Se trata de un fenómeno muy consolidado en psicología que explica el esfuerzo que realiza nuestro cerebro para conciliar dos situaciones en apariencia incompatibles. En este caso, no tener trabajo y que las personas merezcan premio por su esfuerzo; por eso los parados dejarían de reconocer la meritocracia. No se trata de un ataque de egoísmo: el propio experimento demuestra que los parados no se entregan a sí mismos mayores premios que antes de estar desempleados. Sencillamente, no premian a nadie.

En el trabajo se analiza cómo puede influir esta disonancia en lo que llaman el "reenganche", para recuperar la motivación. "El sistema les ha fallado y sienten que por mucho que se esfuercen no lo van a conseguir", afirma el economista. En España, con grandes grupos de población que llevan mucho tiempo en paro, la situación podría ser peor. Por ejemplo, en Córdoba —"donde el contexto laboral es más duro", explica Miller— detectaron una mayor caída de estos valores que entre los jóvenes de Vizcaya.

Javier Salas.

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