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sábado, 7 de mayo de 2016

La promoción de la fidelidad y la abstinencia sexual no previene el VIH

El mayor plan de EE UU impulsado por el conservadurismo moral del antiguo presidente Bush no logra reducir el sida en África.

El entonces presidente de EE UU George Bush y su esposa Laura, durante una visita a una escuela en (Ruanda), 
en febrero de 2008. Jim Watson AFP.


En 2004, el entonces presidente de EE UU, George W. Bush, lanzó el mayor plan hasta la fecha para frenar el avance del VIH en el África subsahariana.

Alimentado por la visión moral de los conservadores estadounidenses, un tercio de sus fondos debía ir por ley a programas que promovieran la abstinencia sexual y la...

fidelidad. Una década y más de 1.200 millones de euros después, estos programas de moralidad ni han cambiado las conductas sexuales ni frenado la expansión del sida como sí han hecho los preservativos o el abaratamiento de los retrovirales.

Tras la siglas PEPFAR está el Plan de Emergencia del Presidente para Mitigar el SIDA. Iniciado en 2004 por EE UU para combatir al VIH en África, se ha extendido a 65 países. El plan busca luchar contra la enfermedad desde muchos frentes, desde la formación de personal sanitario hasta facilitar el acceso a las pruebas de diagnóstico o los medicamentos. Una buena parte del dinero va a programas educativos. El éxito del plan es innegable: algunos informes dan la cifra de que ha salvado la vida a un millón de personas y permitido que otros siete millones tengan un tratamiento adecuado. Pero, ¿podría haber salvado a más personas?

Imbuido por el conservadurismo moral de los republicanos de EE UU y la Administración Bush, el presupuesto de PEPFAR especificaba que al menos un tercio de los fondos debían ir a programas de abstinencia sexual y fidelidad a la pareja. En la práctica, estos programas consisten en charlas, reuniones e información en escuelas, institutos y centros comunitarios donde la idea central es que el sexo debe esperar al matrimonio y que, una vez casados, solo hay que tener relaciones con la pareja de siempre.

En mensajes como estos, PEPFAR llegó a gastar unos 225 millones de euros en 2008. Tras la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca, la parte moralizante del programa se rebajó. Aún así, en 2013 (últimos datos disponibles), PEPFAR dedicó 40 millones de euros a estas campañas.

Ahora un grupo de investigadores de la facultad de medicina de la Universidad de Stanford (EE UU) ha analizado el impacto real de estos programas morales. Para ello, aceptaron como punto de partida la validez de la posición conservadora: la abstinencia sexual y la fidelidad a la pareja frenan el contagio del VIH. Pero, ¿son efectivos los programas para promover cambios en la conducta sexual y lograr esos dos objetivos?

"En conjunto, no hemos podido detectar ningún beneficio de este programa para la población", dice el investigador de Stanford y coautor de la investigación, Nathan Lo. "No detectamos efecto alguno de los programas financiados por PEPFAR sobre el número de parejas sexuales o sobre la edad de inicio de relaciones sexuales. Tampoco lo encontramos sobre la proporción de embarazos entre adolescentes", añade en una nota. Estos tres indicadores sirven como pruebas directas de la práctica real de la abstinencia y la fidelidad.

Lo que hicieron los investigadores fue tomar estos indicadores de casi medio millón de personas menores de 30 años y comparar entre los 14 países africanos que participan en los programas PEPFAR y otros 8 que no. Siguieron su evolución desde 1998, mucho antes del inicio del plan, y hasta 2014. Controlaron además una serie de datos que podrían afectar a los indicadores, como la población, el producto interior bruto, el porcentaje población rural, la educación o la prevalencia del VIH.

Como las campañas morales se solapan a veces con otras medidas, como el reparto de preservativos o la educación sobre los riesgos del VIH, los investigadores se detuvieron en las conductas sexuales de riesgo recogidas en el argumentario conservador: el grado de promiscuidad, medido como el número de parejas sexuales en los últimos 12 meses, la edad a la que se mantuvo la primera relación o la ratio de embarazos juveniles. Lo siguiente fue ver si entre los jóvenes de los países PEPFAR se había producido algún cambio en estas conductas.

En cuanto al número de parejas sexuales, ni entre las 345.000 mujeres ni los 132.000 hombres del estudio encontraron diferencias significativas en función de que el país estuviera afiliado al PEPFAR. Los investigadores tampoco vieron cambios en la edad de la primera vez en los hombres. Sí encontraron que las mujeres de los países PEPFAR tienen su primera relación unos cuatro meses más tarde. Por último, la ratio de embarazo juvenil de las 27.000 chicas del registro es igual en los dos grupos de países.

"Cambiar la conducta sexual no una tarea sencilla", recuerda Eran Bendavid, coautor senior del estudio, publicado en Health Affairs. "Se trata de decisiones muy personales. Cuando los individuos deciden sobre el sexo, raramente piensan en los anuncios que hayan podido ver o en el que llegó al pueblo a decirles que deben esperar hasta estar casados. Los cambios en la conducta son algo más complicados que eso", añade.

Donde sí encontraron una fuerte correlación fue entre la reducción de conductas sexuales de riegos y varios indicadores de desarrollo. Las poblaciones urbanas y los individuos de mayores ingresos tienden a incurrir menos en prácticas de riesgo. En el caso de la mujer, cuanto mayor es su nivel de estudios, más baja es la ratio de embarazo juvenil. Este estudio indica que es ahí adonde debería ir el dinero de los programas de abstinencia y fidelidad si de verdad se quiere rebajar los 1,3 millones de nuevos casos de VIH que se producen cada año en el África subsahariana.

Miguel Ángel Criado.

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