miércoles, 27 de julio de 2016

La herencia de los malos hábitos

Nuevas evidencias de que los excesos alimentarios de los padres pueden perjudicar el metabolismo de hijos y nietos. No hay ninguna herejía científica en ello.

La dieta de los padres puede hacer propensas a engordar a las siguientes generaciones a través de cambios epigenéticos.  

Hace pocos años habría sido una herejía para cualquier científico, y todavía lo será para muchos legos. Pero la ciencia es esclava de los datos, y los datos dicen que hay comportamientos adquiridos que se pueden transmitir a la descendencia.

Cambiando “comportamientos” por “caracteres”, eso es exactamente la definición de lamarckismo que hemos usado durante dos siglos, y que consideramos errónea desde que Darwin formuló el mecanismo de la selección natural en 1859. Pero hoy sabemos que no siempre es erróneo. Lee en Materia las últimas evidencias, obtenidas en ratones, de transmisión a la descendencia de los malos hábitos alimentarios de los padres. Y cuando digo “padres” me refiero a los machos, en este caso.



La refutación clásica del lamarckismo fue obra de August Weismann, uno de los primeros darwinistas alemanes, que cortó la cola a cinco generaciones seguidas de ratones y observó que, pese a ello, seguían naciendo con la cola intacta. Podemos concluir con confianza que cortar colas no es uno de los caracteres adquiridos que pueden heredarse, pero, como refutación del lamarckismo en su conjunto, el experimento de Weismann posee la delicadeza de un hipopótamo. Por lo que sabemos hoy, los caracteres adquiridos que pueden trasmitirse son de una naturaleza muy distinta, y tienen que ver con la alimentación, la presión atmosférica, la oxidación, la acidez, la radiación y la exposición a sustancias tóxicas.

Lo que tienen en común todas estas condiciones es que pueden afectar directamente a las células sexuales, o a sus precursoras (la línea germinal, en la jerga). Percibir este hecho esencial es el primer paso para disipar el misterio.

Y el resto de la clave se explica por el proceso conocido como epigenética. Hay que tener cuidado con este término, porque les encanta a los chamanes y farsantes que se dedican a sacar los cuartos a los crédulos. Pero es un concepto científico muy preciso. Epigenética significa literalmente “encima (epi-) de los genes”, y designa una serie de alteraciones de la actividad de los genes que no consisten en cambios de su secuencia (gatacca…), sino en otras cosas que se le pegan encima de forma muy estable. Las principales son los radicales más simples de la química orgánica (metilos, –CH3) y unas proteínas llamadas histonas. Estas modificaciones persisten a lo largo de las divisiones celulares, y por tanto también pueden trasmitirse entre generaciones. Nada extraño, amigos del misterio.

El caso es que tus excesos de ingesta no solo pueden fastidiar tu metabolismo y tu páncreas, sino también el de tus hijos y nietos. Tus bisnietos se librarán, probablemente: si eso te consuela, adelante con los bollos.

 Javier Sampedro.

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