sábado, 12 de noviembre de 2016

Tuits que cuestan votos

Los políticos luchan contra el rastro negativo que dejan en Internet.

Guillermo Zapata, en una imagen de 2015.

Por 6.000 euros, una persona puede contratar a un especialista para borrar de Internet una noticia que perjudique su imagen.

Esa preocupación no es exclusiva de empresarios, actores o deportistas. El juicio al edil de Ahora Madrid, Guillermo Zapata, por un tuit en el que bromeó con el atentado sufrido por Irene Villa, refleja las consecuencias que puede tener para un político el rastro que haya dejado en Internet.La huella digital pasada puede arruinar el presente y el futuro de los representantes públicos. Y arreglarla tiene un precio que muchos políticos están dispuestos a pagar.



Hay profesionales especializados en la eliminación de resultados de búsquedas en Internet. Por ejemplo, en que una demanda judicial no aparezca entre los principales resultados”, explica un conocedor de estas prácticas que trabaja en una importante agencia publicitaria y de comunicación. “Lo hacen freelancers con un trabajo muy underground de perfiles falsos en redes sociales y posicionamientos en buscadores”, añade. “Es una manipulación artificial de la presencia de una marca o una persona en Internet”, sigue. “Es muy fácil que Google te gane esa guerra, porque depura constantemente su algoritmo. Twitter, no tanto. Y los únicos que conozco que hacen manipulación en Twitter son los partidos y los políticos”.

El caso de Zapata parece ya irreversible. Cualquier búsqueda con su nombre en Google deparará resultados que recuerden la polémica. Es la crisis de reputación con más impacto en la historia de la política española: el caso saltó de Twitter al The New York Times y provocó su dimisión. Como él, miles de personas se han incorporado a la política con Podemos y Ciudadanos tras toda una vida expresando sus opiniones sin ningún filtro. En el partido de Pablo Iglesias se les recomendó que borraran sus mensajes polémicos. Y en el de Albert Rivera se hizo una criba para asegurarse de que cumplían con el perfil adecuado.

¿Cómo puede mejorar su reputación un empresario o un politico? ¿Cómo evitar que una noticia negativa sea lo primero que ofrezca internet sobre ellos cuando alguien busca nuestro nombre? Además del control previo que pueden realizar los equipos de lo partidos, los especialistas pueden emplear pequeños medios digitales para escribir noticias favorables a sus clientes, que luego amplifican empleando miles de perfiles bajo su control en las redes sociales, lo que permite que esas informaciones positivas sustituyan a las negativas en los primeros resultados de búsqueda.

“No sé si es habitual, pero me consta que existe”, dice sobre esta práctica Jean Marc Colanesi, ‎consultor de estrategia de marca y profesor de postgrados en ESIC e ICEMD, que cree que en España todavía no se trabaja lo suficiente este mercado. “Muy pocas veces se piensa que en redes sociales la exposición es mucho más alta que cuando das un mitin o estás en televisión. El usuario asiduo de redes no tiene por qué ser un posible votante tuyo”, recuerda. “A mi no me daría ningún temor pagar por esto miles de euros al mes. Es muchísimo trabajo. Hablamos de estrategia, de contenidos, de tener un plan de contingencia, de apoyar corrientes positivas y frenar corrientes negativas, y de todo el sistema de control”, enumera. “Hay que monitorizar las redes sociales”, subraya. “Una cosa es lo que dices y otra lo que entiende la audiencia. Teóricamente, deben ser capaces de traducir las respuestas online en una mejora para el próximo debate o el próximo discurso. Esto vale dinero”.

La guerra política no afecta solo a Twitter, Instagram y Facebook, donde los partidos pelean por imponer sus tesis y desacreditar las de los rivales. España, dicen los expertos, no es Estados Unidos. Aquí nadie usa las redes sociales con la habilidad de Barack Obama. Al contrario, se suceden los mensajes mecanizados: felicitaciones por éxitos deportivos, pésames ante accidentes, propaganda de las iniciativas del partido… La gestión de la reputación online de los políticos es otra faceta de la batalla. Los cargos públicos saben que cualquier tuit erróneo puede convertirse en una captura o pantallazo que acaben afeándole los rivales. Es su particular hemeroteca y borrarla también deja huella.

“El caso más dramático es el de Zapata”, dice Imma Aguilar, socia de MAS Consulting Group. “Es muy difícil controlar tu reputación en el presente para el futuro, pero lo realmente complicado es la reputación pasada. Con las redes es ahora muy fácil vigilar y destapar la reputación anterior”, sigue esta especialista que ha trabajado con el grupo de Entesa en el Senado y con el de Ciudadanos en el Congreso. “Poca gente pasaría la prueba de la reputación pasada”, añade. “Recomiendo al político que contacte, que conecte, que converse y que comparta. Que no tenga miedo a estar expuesto, que no use las redes como escaparate ni como propaganda, que sea de verdad. Le advierto que todo lo que no quiere que se sepa, que no lo haga; y que todo lo que diga sea verdad”.

Juan José Mateo.

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