sábado, 25 de febrero de 2017

Un atracador tiene en jaque a la policía desde hace 30 años

Antonio Padilla, un ladrón que acumula decenas de delitos, entra en los bancos con total tranquilidad. Amenaza con matar a los agentes que le intenten detener.

Momento en que la Policía Nacional detiene a Antonio Padilla antes de cometer un atraco en la calle de Arapiles. Edición: Quality

Antonio Padilla Córdoba, de 63 años, entra en los bancos bien vestido. Va con chaqueta y una cartera cruzada.

Espera a que le toque su turno en la caja, tras lo cual le da un mensaje manuscrito al empleado: “Esto es un atraco. Ponga todo el dinero en la bolsa”. Acto seguido enseña una pistola. Con nervios de acero, espera a que el expendedor de billetes saque todo el dinero posible. Este ladrón, cuya primera detención consta de 1977 tras el asalto a una joyería y cuatro bancos, ha traído en jaque a la policía durante 30 años. Frío y solitario, no tiene compinches ni familiares que le permitan seguirlo cuando no regresa a la cárcel en los permisos penitenciarios.

Padilla se crió en la plaza de la Obra (San Blas), cuando la zona era marginal y se encontraba muy degradada. Ya no le recuerda nadie en el barrio y el edificio en el que se crió ni existe, según los residentes. Siempre se ha dedicado a atracar. Tras ser detenido en Madrid por la joyería y dos bancos, se trasladó a Andalucía. De hecho, su madre es oriunda de Bailén (Jaén). Le constan detenciones por robos en Málaga, Granda y Sevilla.

Este ladrón de bancos actúa siempre de la misma manera. Vigila las sucursales durante días y comprueba cuál le conviene. Armado, se introduce en el banco siempre a la hora más próxima al cierre. En los años 2008 y 2009, se fugó en un permiso penitenciario de la mítica cárcel de Huelva. A partir de ahí, comenzó su escalada criminal en la capital. Su primer robo lo cometió en el número 442 de la calle de Alcalá el 19 de diciembre de 2008, donde se llevó 4.600 euros en efectivo. Allí ya utilizó un subfusil Z-70 Astra, de fabricación española. Se trata de un arma que utilizó la policía, el ejército y la Guardia Civil y que se caracteriza por su precisión. El que utilizaba este ladrón lo compró en el mercado negro. Procedía de un motín ocurrido en 1986 en un cuartel militar de Jaén. La policía bautizó el nombre de la operación como Zeta, por este subfusil.

Antonio Padilla mantiene un forcejeo con el director 
de una caja de ahorros.
El siguiente golpe lo cometió el 2 de febrero de 2009 en la calle de Arapiles, 17 donde se apodera de 1.066 euros. De nuevo, entró en la sucursal con la cara descubierta y un maletín donde ocultaba el subfusil. Los agentes del Grupo XII de la Brigada Provincial de Policía Judicial, especializado en atracos a bancos, interrogaron a los testigos y comprobaron que siempre huía en metro. Visionaron también los vídeos de las camaras de videovigilancia. Eso les permitió descubrir que se había bajado en la parada de metro de O´Donnell. Los policías vigilaron toda la zona hasta que le vieron salir del número 22 de la calle de Carranza. Los funcionarios se tiraron encima de él y no le dejaron moverse. “Cuidado que llevo el subfusil cargado y listo para disparar”, les avisó a los agentes. Iba a dar un nuevo palo. “Menos mal que no me habéis dado tiempo, porque si vais de uniforme, tiro a matar. No quiero volver a la cárcel”, les repitió. Le quedaban por cumplir 16 años y estaba muy enfermo. “Teníamos mucho miedo porque con ese arma podía matar a mucha gente en cuestión de minutos. Y este es de los que tiran a matar”, explica el inspector responsable del Grupo XII.

Durante los interrogatorios, se negó a dar detalles de su vida. Tan solo les dijo que se dedicaba a pasear por los parques y a pintar al aire libre. Después, comía donde le pillaba y continuaba dando vueltas. De hecho, no se puso en contacto en ningún momento con su exmujer ni con sus dos hijos ni con su hermana, que vive en una localidad cercana a la capital. Los agentes vigilaron durante días el domicilio de esta mujer, sin éxito.

Tras la detención, Padilla ingresó de nuevo en prisión. Esta vez, en Aranjuez. A mediados de 2015, aprovechó otro permiso para fugarse. Y cometió su primer robo el 6 de julio en la calle de Agustín de Foxá 32. En esta ocasión llevaba una pistola. Un cliente que estaba despistado y ni siquiera se percató del atraco se quedó sin los 12.000 euros que había recaudado en su bar.

Empezar de cero

Los policías ya sabían, al ver las imágenes, que se trataba de Padilla. Y empezaron de cero. Controlaron el domicilio de su hermana. Se dedicaron a pasear en bici por los parques de Madrid. Llegaron incluso a un acuerdo con el Ayuntamiento para que les cediera los vehículos de BiciMad y así ganar tiempo. Tuvieron mala suerte porque siempre iba a pintar al Retiro. “Vive en habitaciones que no le cuestan más de 200 euros al mes y a veces acude a comedores sociales”, explica el mando policial.

El atracador durante un robo en un banco en 2009, 
con el subfusil Z-70.
En un atraco cometido el 15 de julio de 2016 en una caja de ahorros de la calle del General Moscardó, los empleados se resistieron y forcejearon con el ladrón. Este efectuó un disparo, que solo causó quemaduras al director de la sucursal. Los investigadores comprobaron que el arma era tan solo detonadora. En ese trance perdió las gafas. Y los policías descubrieron donde se las había comprado y la fecha, por lo que avisaron a sus responsables por si regresaba. No hubo éxito.

Sin ver salida a la investigación, los policías se apostaron en las sucursales que ya había atracado antes. A veces repetía. Diez coches camuflados le esperaban. “No avanzábamos. Sabía cómo investigamos y nos estaba toreando”, reconoce el inspector. Los agentes tuvieron suerte en diciembre cuando iba a asaltar de nuevo la sucursal de Arapiles. Los policías que la estaban vigilando saltaron de inmediato sobre él y le esposaron. “A este paso me voy a tener que ir de Madrid”, les reconoció tras ser detenido de nuevo. Ahora está en la cárcel de Aranjuez. Tiene varios juicios pendientes y más de 20 años de condena por cumplir.

F. Javier Barroso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario