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viernes, 24 de marzo de 2017

‘Operación Abrelatas’: así ‘reventaba’ cajas de acero blindado la banda de ‘El Poni’

La UCO detiene a los siete integrantes de un grupo especializado en asaltar entidades bancarias de zonas rurales.

Parte del material incautado por las autoridades.


Se les adjudican nueve robos con fuerza en entidades bancarias de zonas rurales, pero la Guardia Civil investiga ya su supuesta implicación en medio centenar más, uno de ellos en Suiza.

Era la banda de Juan Miguel P. B., un español de 37 años apodado El Poni y con más de 50 antecedentes por delitos contra la propiedad, que ha sido ahora desarticulada en la Operación Abrelatas de la Unidad Central Operativa (UCO). Con el presunto cabecilla del grupo han sido arrestados otros seis integrantes de la misma. Uno más está en busca y captura. Su principal característica: la estructura paramilitar que tenía el grupo en el que el jefe repartía funciones y decidía cuándo y dónde actuar. Eso sí, siempre con fuertes medidas de seguridad para borrar todo tipo de huellas. Por su forma de actuar, los investigadores les bautizaron como los Navyseals de Orcasitas, el barrio de Madrid donde residía la mayoría.

La investigación se inició el pasado 12 de octubre, tras un asalto cometido en la localidad Gurrea de Gállego (Huesca). Durante el robo, un vecino de la localidad observó en la zona un vehículo todoterreno de alta gama con equipamiento deportivo que llamó su atención y del que tomó la matrícula. La Guardia Civil pudo constatar que esta era falsa y que un automóvil de idénticas características había sido sustraído en Alcobendas (Madrid) unos meses antes. Se iniciaba así una investigación que, por el momento, ha permitido adjudicar a este grupo otros ocho asaltos a bancos de pequeñas localidades de Madrid, Aragón, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Navarra, Extremadura y Cantabria. Las pesquisas permitieron también frustrar otros diez asaltos que el grupo iba a cometer mientras los agentes de la UCO ya iban detrás del grupo.

Las investigaciones se centraron en un grupo de "viejos conocidos" de la Policía que residían en el madrileño barrio de Orcasitas y a cuya cabeza estaba El Poni, con más de medio centenar de detenciones previas por diversos delitos contra el patrimonio, desde "alunizajes" a asaltos a naves industriales para el robo de aparatos de telefonía. Otro acumulaba 150 antecedentes. En torno al primero giraba el resto del grupo, a cuyos integrantes repartía funciones. Así, había un grupo dedicado a la logística necesaria para cometer los robos. Ellos eran los que robaban los coches que luego utilizaban para desplazarse al lugar de los asaltos y le colocaban matrículas falsas -que correspondían con vehículos de la misma marca, modelo y color-. Como medida de seguridad, los automóviles sustraídos los dejaban "enfriar" durante un tiempo siempre para descartar que tuvieran instalados sistemas de localización. Este grupo logístico también compraban en diferentes establecimientos las radiales y el resto de herramientas que iban a utilizar para reventar las cajas fuertes, además de alquilar garajes para ocultar automóviles. Además, compraban otros coches que ponían a nombre de familiares.

Mientras, otro grupo se dedicaba a buscar los objetivos e identificar las posibles medidas de seguridad de los mismos. Siempre sucursales en pequeñas localidades donde no hubiera cuartel de la Guardia Civil ni Policía Municipal, con una rápida salida a una autovía y con al menos dos vías de escape por si eran sorprendidos. Con todo los datos, Finalmente, El Poni elegía la sucursal a atracar y la fecha. Ese día se desplazaban al lugar todo el grupo en dos automóviles. Uno, comprado de manera legal, servía de "lanzadera" para detectar la posible presencia de controles durante el trayecto desde Madrid. En el segundo, el robado con matrículas ‘dobladas, se desplazaba el resto de grupo. A este último vehículo le volvían a cambiar las placas poco antes de robo tras sustraer una nuevas en la zona donde se encontraba el banco. Luego, varios miembros de la banda se distribuían en las entradas de la localidad para vigilar la posible llegada de patrullas del Instituto armado.

Los que entraban en el banco para reventar la caja fuerte también tomaban fuertes medidas de seguridad. Primero, forzaban el bombín de la puerta y lo sustituían por uno nuevo, tras lo que esperaban un tiempo prudencial para saber si habían saltado las alarmas y se desplazaba al lugar la Guardia Civil. Una vez dentro, ya con pasamontañas y guantes, anulaban los sistemas de alarma cortando las líneas telefónicas y utilizando inhibidores de frecuencia, y sustraían los equipos de grabación de imágenes, para inmediatamente después abrir las cajas fuertes con radiales, lanzas para oxicorte, martillos percutores y mazas abrían las cajas fuertes. Finalmente, rociaban toda la sucursal con los extintores de la misma para borrar las posibles huellas que hubieran podido dejar. En su huida, volvían a cambiar las matrículas del coche robado y regresaban a Madrid. Luego, a veces quemaban este último para destruir cualquier tipo de indicios contra ellos.

El último asalto que se les adjudica lo cometieron en la noche del 6 al 7 de marzo en la localidad cántabra de Mataporquera. A su regreso a Madrid, la Guardia Civil detuvo a los siete integrantes del grupo que habían participado, seis de ellos de nacionalidad española y uno dominicano. Un octavo que no participó en el último robo está en paradero desconocido. Además, los agentes registraron nueve viviendas. En ellos consiguieron recuperar 20.000 euros en efectivo, con algunos billetes quemados por la utilización de lanzas de oxicorte en la apertura de las cajas; un rifle, una escopeta con los cañones recortados y un revólver, así como numeroso material utilizado para reventar las cajas y anular los dispositivos de seguridad de las entidades bancarias. También aparecieron cajas metálicas que la banda enterraba en descampados y zonas rurales para ocultar parte de lo sustraído.

El importe total de lo sustraído es cifrado por la Guardia Civil en cerca de 750.000 euros, con botines que fluctuaban entre los 50.000 y los 100.000 euros. El Poni era el encargado de repartirlo entre todos los integrantes del grupo, aunque una parte del mismo lo "reinvertían" en la compra de nuevos vehículos y herramientas para futuros asaltos. “Estaban sumamente organizados, con una estructura casi militar que nos llevó a bautizarlos como los Navyseals (en referencia al grupo de élite del Ejército de EE. UU.) de Orcasitas”, detalla el teniente coronel Javier Rogero, jefe del Departamento de Delincuencia Organizada de la UCO. Hasta el momento, se les adjudican nueve atracos a bancos, otros 16 robos de vehículos, pero se investiga si pudieran estar relacionados con otro medio centenar de asaltos, todos ellos cometidos durante 2016, por su similitud en el sistema utilizado. Además, el ADN de uno de los arrestados ha aparecido vinculado a un hecho delictivo cometido en Suiza hace dos años. “Por ello hemos remitido a Europol los datos de la investigación por si aparecieran otros asaltos similares en países europeos”, añade el teniente coronel Rogero. Los siete ‘abrelatas’ de la banda de El Poni han ingresado en prisión.

Óscar López-Fonseca.

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