martes, 5 de septiembre de 2017

La policía detiene a dos personas tras el atropello mortal a un menor en Usera

Los agentes han arrestado al conductor del vehículo, que carecía de carné, y al propietario del coche por prestárselo.

Local chino tras sufrir la colisión del vehículo en el barrio madrileño de Usera.

Las persianas metálicas del negocio de alimentación de Long, el comerciante chino que lo regenta, han amanecido bajadas este lunes.

Hay pintadas de color rojo y negro, pero nadie las entiende. Los vecinos tampoco comprenden cómo la medianoche anterior un coche se empotró contra su establecimiento, aún abierto, y atropelló mortalmente a su hijo de tres años, que jugaba en la puerta. En el siniestro también resultaron heridas leves otras tres personas, entre ellas la hermana del fallecido. La policía ha efectuado dos detenciones: la del conductor del vehículo, un joven de 18 años que carece de permiso de conducir, y la del propietario del coche, de 21, por prestárselo. El suceso tuvo lugar poco antes de las 23.00 del domingo en un local situado en la calle de La Mezquita, 31, en el distrito madrileño de Usera.

Los residentes de esta vía ancha con coches aparcados a ambos lados de la calzada no saben aún cómo ocurrió lo que califican de tragedia. “El conductor estaba aparcando marcha atrás. Debía ir rápido porque el coche saltó el bordillo, entró en la tienda y la destrozó”, explica un vecino que prefiere ocultar su identidad. La calle es larga y termina en Madrid Río, a la altura de la Caja Mágica. Está repleta de comercios, entre ellos varias tiendas de alimentación regentadas por ciudadanos de nacionalidad china, como el niño fallecido. Uno de ellos es Fon, que afirma que apenas conocía a la familia y que a la hora del siniestro ya dormía. Wang sí era amigo de sus compatriotas. Ha hablado esta mañana con ellos: “El padre sigue en el hospital. Tiene heridas, pero es la muerte del pequeño lo que ha destrozado a toda la familia”.



El niño estaba jugando en la puerta del establecimiento, a escasos metros del Centro Deportivo Municipal de San Fermín, cuando un turismo lo atropelló. Entró en parada cardiorrespiratoria y sufrió un traumatismo severo con pérdida de masa encefálica, por lo que, a su llegada, los efectivos del Samur solo pudieron certificar su muerte. Este lunes aún quedaban restos del accidente, como pedazos de faro y cristales rotos, esparcidos por el asfalto. El conductor, que reside en la zona, resultó ileso. Dio negativo en los controles por droga y alcohol. La Policía Municipal continúa investigando cómo ocurrieron los hechos. Además, ha informado de que en las próximas horas el detenido pasará a disposición judicial. Se le imputan dos delitos: uno por homicidio imprudente y otro contra la seguridad vial.


Vehículo tras estrecharse en el local de alimentación en Usera.
Vehículo tras estrellarse en el local de alimentación en Usera.

“Una desgracia”

“Es una pena”, masculla un hombre en la acera frente al lugar del siniestro, donde hoy aparcan varios coches. A sus puertas se han concentrado, desde primeras horas de la mañana, vecinos y amigos de la familia. A las 12.15 ha tenido lugar un acto en el que se han depositado flores, algunas de tela, y encendido velas en señal de homenaje al fallecido. “El local quedó destrozado tras el accidente”, relatan varios testigos mientras enseñan fotos del establecimiento con el coche aún en su interior. La policía precisa que ambos detenidos permanecieron en el lugar del siniestro hasta que llegaron los agentes. “Ha sido una desgracia. El conductor es amigo de mi hija. Cumplió los 18 años en julio. No fuma, ni bebe, es un buen chaval. Cuando me lo han dicho no me lo creía”, explica en la barra del bar La Mezquita un hombre a sus acompañantes.



El barrio de San Fermín es un crisol de culturas. “Escuché muchas sirenas antes de medianoche, pero no me extrañó porque este es un barrio conflictivo”, reconoce Kengerly Ramírez. Diana Ramos, que pasea a su bebé por la cercana plaza Torre del Oro, lo ratifica: “Escuché ambulancias y gritos, pero estoy acostumbrada”. La expectación en el lugar de los hechos, donde abundan los edificios de viviendas de fachada con ladrillo visto, ha crecido a medida que pasaban las horas este lunes porque muchos, como Luis, no se habían enterado hasta ver el ajetreo de las cámaras de televisión en la zona. La mayoría de los congregados ha rehusado hacer declaraciones. María Carrasco, una octogenaria, afirma que la madre del niño, que tuvo que ser atendida ayer por una crisis de ansiedad, se sentaba todas las noches en la puerta de la tienda con una amiga. “La tragedia podría haber sido mayor”, subraya.

Varios vecinos encienden velas en la puerta del establecimiento donde murió el niño de tres años.
Varios vecinos encienden velas en la puerta
del establecimiento donde murió el niño
de tres años.
A pocos metros, Teresa Marcial, de 63 años, llora ostensiblemente. Agarra con cada a mano a uno de sus nietos, que portan claveles blancos para dejarlos a las puertas del establecimiento. “Ha muerto un inocente de tres años. Era muy gracioso. Lo conocía porque antes de llevar al parque a mis nietos, les compraba chucherías en su tienda. Ahora pienso que podría haber sido cualquiera de los míos”.

Los heridos, todos ellos fuera de peligro, estaban dentro del local en el momento del accidente. Son el padre del menor, de 36 años, que tuvo que ser trasladado al cercano Hospital 12 de Octubre por un traumatismo abdominal; la hermana del fallecido, de 11 años y atendida en el lugar del siniestro por cortes de cristales en los brazos y la espalda; y un amigo de la familia, de 37 años, con una brecha en la cabeza.

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